martes, 28 de julio de 2015

LA ORACIÓN DE LA RANA 405.

               Un periodista recibió el encargo de recabar la opinión del hombre de la calle acerca de la mujer moderna. La primera persona a la que abordó era un hombre que acababa de cumplir ciento tres años.

             "Me temo, hijo, que no voy a serle de mucha ayuda", le dijo apesadumbrado el anciano. "¡Dejé de pensar en las mujeres hace casi dos años!"
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LA ORACIÓN DE LA RANA 404.

           Dos niños se encuentran en la calle.

           "¿Cuántos años tienes?"

           "Cinco. ¿Y tú?"

           "No lo sé."

           "¿No sabes cuántos años tienes?"

           "No."

           "¿Te preocupan las mujeres?"

           "No."

           "Tienes cuatro años."
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LA ORACIÓN DE LA RANA 403.

             Un individuo acudió al psiquiatra, el cual le diagnosticó que padecía de adicción al trabajo. Y el tipo tuvo que buscar un segundo empleo para poder pagar la terapia.

LA ORACIÓN DE LA RANA 402.

           ... o agravar el que usted tiene."

           El psicólogo a su paciente: "De manera que llevo diez años tratándole a usted de un complejo de culpabilidad, ¿y todavía se siente usted culpable por semejante historia? ¡Debería usted avergonzarse de sí mismo!"
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LA ORACIÓN DE LA RANA 401.

             ...Tan sólo puedo cambiarlo por otro...

            Poco después de concluida la Segunda Guerra Mundial, un conductor de autobús londinense observó la presencia de un pasajero que llevaba un enorme paquete sobre sus rodillas.

            "¿Qué lleva usted ahí?", le preguntó.

            "Una bomba sin explotar que cayó cerca de mi casa. La llevo a la comisaría."

             "¡Santo Dios! ¡No debería llevar algó así sobre sus rodillas! ¡Será mejor que lo ponga debajo del asiento!"

             (La solución a un problema cambia el problema).

             

lunes, 27 de julio de 2015

LA ORACIÓN DE LA RANA 400.

           ...Además, en realidad no puedo resolver su problema...

           El principal ejecutivo de una gran compañía estaba verdaderamente admirado de su propia salud y de sus energías. Sin embargo, padecía una embarazosa debilidad: siempre que entraba en el despacho del presidente para presentarle su informe semanal, ¡se mojaba los pantalones!

           El presidente, un tipo bastante comprensivo, le aconsejó que fuera a ver a un especialista. Cuando, a la semana siguiente, se presentó de nuevo en el despacho del presidente, se volvió a mojar los pantalones. "¿No fue usted a ver al especialista?", le preguntó.

          "Sí, pero no estaba. Entonces fui a ver a un psicólogo, y estoy curado: ¡ya no me siento violento!"

LA ORACIÓN DE LA RANA 399.

            "¡Cuánto lo siento!",
            dijo el psicólogo a su paciente,
            "Yo puedo ayudarle a cambiar su comportamiento,
            pero la Naturaleza se toma su tiempo
            y sigue su propio ritmo...

           El capitán de un submarino, con el fin de probar la eficacia del personal de la sala de máquinas, dijo la orden de avanzar a la máxima velocidad, y luego mandó de pronto efectuar una parada de emergencia. Sus órdenes fueron obedecidas al instante.

          Se encendió el sistema de megafonía y se oyó su voz: "Les habla el capitán. Mi enhorabuena a la sala de máquinas. Han detenido el barco en 55,05 segundos exactamente."

         Casi inmediatamente después sonó estentórea otra voz: "Les habla el cocinero. El barco se habrá detenido, pero los filetes con patatas se han ido a hacer puñetas. ¡Esta noche, cena fría para todos!"

LA ORACIÓN DE LA RANA 398.

              ... y que orgullosos se sienten,
              de sus propios logros.

              En un lugar del trópico, un misionero decidió impresionar a sus feligreses llevando consigo a algunos de ellos a dar una vuelta en un avión. El aparato voló por encima de las aldeas, las colinas, los bosques y los ríos de la región. De vez en cuando, los pasajeros miraban por la ventanilla, pero en general no parecían estar demasiado impresionados.

            De regreso a tierra, descendieron todos del avión sin hacer el más mínimo comentario. El misionero, ansioso de obtener alguna reacción, exclamó: "¿No ha sido maravilloso? ¡Es fantástico lo que los seres humanos pueden conseguir! ¡Hemos estado allá arriba, en el cielo, por encima de las casas, de los árboles y de las montañas, contemplando la tierra!"

          El grupo escuchaba impasible. Al fin, el cabecilla del mismo dijo: "También los insectos lo hacen."

          "Y, lo que es aún más, ¡son felices!"

           Después de varios miles de años,
           hemos avanzado tanto que por las noches
           cerramos a cal y canto puertas y ventanas,
           mientras los "nativos", menos avanzados,
           duermen en sus chozas totalmente abiertas.
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LA ORACIÓN DE LA RANA 397.

            ... Y que orgullosos se sienten,
            en general por motivos equivocados...,

            Los amigos del compositor George Gerhwin trataban de hacer entender al padre de éste que la "Rhapsody in Blue" era la obra de un auténtico genio.

           "Por supuesto que sí", dijo el anciano. "Según creo, dura quince minutos, ¿no es así?

LA ORACIÓN DE LA RANA 396

             Un ex-convicto de un campo de concentración nazi fue a visitar a un amigo que había compartido con él tan penosa experiencia.

             "¿Has olvidado ya a los nazis?", le preguntó a su amigo.

            "Sí."

             "Pues yo no. Aún sigo odiándolos con toda mi alma."

             "Entonces", le dijo apaciblemente su amigo, "aún siguen teniéndote prisionero."

             ...(nuestros enemigos no son los que nos odian,
             sino aquellos a quienes nosotros odiamos)...

LA ORACIÓN DE LA RANA 395.

          Aquel hombre era un cliente habitual, y la dirección había todo lo posible por complacerle. Por eso, cuando un día se quejó de que sólo le habían dado una rebanada de pan con la comida, el camarero se apresuró a llevarle otras cuatro.

         "Está bien", dijo, "pero no crea que es suficiente. Me gusta el pan, y me gusta en cantidad."

          De modo que la siguiente noche que fue a cenar le dieron una docena de rebanadas. "No está mal", dijo, "pero sigue usted mostrándose un tanto frugal, ¿no cree?"

         Ni siquiera una cesta llena de pan consiguió, la noche siguiente, acallar sus quejas.

        De modo que el dueño decidió darle una lección. Encargó especialmente para él una gigantesca rebanada de pan de dos metros de largo por uno de ancho, y él mismo en persona, con la ayuda de dos camareros, se la llevó, la puso sobre una mesa supletoria y esperó su reacción.

       El hombre, tras mirar con verdadera furia la gigantesca rebanada, se encaró con el dueño y le dijo: "¡Así que volvemos a las andadas!, ¿eh? ¡Una sola rebanada!"

      ...(encender una vela es bueno, pero maldecir de la oscuridad es divertido)...

LA ORACIÓN DE LA RANA 394.

           Es verdaderamente asombroso
           ver cómo los seres humanos emplean su imaginación...
           y sus emociones...

           En un vagón-restaurante, un pasajero estaba encargando la cena al camarero. "De postre", dijo, "tomaré pastelillos y helado".

          El camarero le dijo que no tenían pastelillos. El hombre explotó: "¿Cómo dices? ¿Que no tienes pastelillos? ¡Es absurdo! Soy uno de los mejores clientes de este ferrocarril. Todos los años organizo viajes para millares de turistas y envío cientos de toneladas de mercancías... Y cuando a mí personalmente se me ocurre viajar en el tren,  y resulta que no puedo conseguir algo tan simple como unos pastelillos, ¡Me va a oír el presidente de la compañía!"

        El "chef", que lo había oído, llamó aparte al camarero y le dijo: "Podemos conseguirle pastelillos en la próxima parada."

        Y, justo después de la mencionada parada, el camarero se acercó al enojado caballero y le dijo: "Me satisface informarle, señor, de que nuestro "chef" ha preparado estos pastelillos especialmente para usted y espera que le gusten. Además, nos gustaría invitarle a una copa de este brandy de setenta y cinco años. Es obsequio de la casa."

      El pasajero arrojó su servilleta encima de la mesa, levantó un puño y gritó: "¡Al diablo con los pastelillos! ¡Prefiero estar furioso!"

     ...(¡qué vacías estarían nuestras vidas si no tuviéramos de qué ofendernos)...
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LA ORACIÓN DE LA RANA 393.

            En la vieja Rusia, un hombre llevó consigo a su mujer al bosque, se suponía que para cazar lobos. Pero, cuando llegaron los lobos, él salió huyendo y abandonó a su mujer. A la mañana siguiente puso una corona mortuoria en la puerta de su casa y se vistió de luto..., aunque no por mucho tiempo, porque tenía una amante con la que se casó seis meses después.

          La noche de bodas se le apareció su primera mujer gritando: "¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!" Y, para su asombro, comprobó que su nueva mujer no había visto ni oído nada. La primera mujer regresaba todas las noches pidiendo socorro, hasta que el hombre no pudo soportarlo. Una noche tomó su escopeta y echó a correr detrás de su ex-mujer con intención de matarla por segunda vez. Ella se metió en el bosque, y él la siguió, pero tropezó y perdió la escopeta. En aquel momento aparecieron los lobos, se le echaron encima y pusieron fin a su vida.
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LA ORACIÓN DE LA RANA 392.

            Es verdaderamente asombroso
            ver cómo los seres humanos emplean su imaginación...

            "Si alguna vez vuelves a casarte o te buscas una amante después de que yo haya muerto, volveré y te amargaré la existencia", le dijo a su marido una mujer agonizante.

            De modo que cuando, unos meses después de que falleciera su mujer, se enamoró de otra, le horrorizó, aunque no le sorprendió, comprobar que el espíritu de la difunta entraba aquella noche en la casa y le reprochaba amargamente su infidelidad.

           Aquello se repitió noche tras noche, hasta que, no pudiendo soportarlo más, fue a consultar con un Maestro Zen, el cual le dijo: "Qué es lo que te hace pensar que se trata de un espíritu?"

         "El hecho de que sabe perfectamente y es capaz de describirme la más mínima cosa que yo haya podido decir, hacer, pensar o sentir."

     El Maestro le entregó una bolsa llena de granos de soja y le dijo: "Asegúrate de que nadie abra esta bolsa y, cuando ella se te aparezca esta noche, pregúntale cuántos granos de soja contiene la bolsa."

       Cuando, aquella noche, el hombre le hizo la pregunta al espíritu, éste salió huyendo y nunca más volvió. "¿Por qué?", le preguntaría más tarde al Maestro.

      El Maestro sonrió y dijo: "¿No te parece extraño que tu famoso espíritu supiera únicamente lo que tú sabías?"
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jueves, 23 de julio de 2015

LA ORACIÓN DE LA RANA 391.

         Al regresar un hombre a su aldea natal por primera vez en muchos años, uno de los vecinos le dijo: "Supongo que sabrás que el viejo Smith perdió su granja..."

         "No, no lo sabía. ¿Qué sucedió?"

         "Pues resulta que un día se le metió en la cabeza la idea de que la cerca de su vecino estaba dos metros dentro de sus tierras. Se obsesionó con el asunto y acabó yendo a un abogado y le dijo que pensaba que aquello era una usurpación. Bueno, pues el abogado pensó lo mismo."

         Dice Voltaire: "Sólo me he arruinado en dos ocasiones: la primera, una vez que perdí un pleito; la segunda, una vez que gané otro pleito."

LA ORACIÓN DE LA RANA 390.

            Dos presuntos compradores andaban mirando los vehículos puestos a la venta en una exposición de coches usados. Se les acerca un dependiente y empieza a soltarles el pertinente rollo; entonces uno de ellos le enseña una cartulina donde dice: "Lo sentimos, pero somos sordomudos".

          El dependiente saca una libreta y les explica por escrito las innumerables ventajas de cualquier coche por el que ellos manifiestan tener algún interés. Finalmente, se deciden por un pequeño y bien conservado Volkswagen.

         Se suben a él para probarlo, dan un vuelta a la manzana y parecen tan complacidos que se diría que la venta ya está hecha. Pero, al regresar junto al vendedor, ambos menean la cabeza con énfasis dando a entender que no les convence.

        El vendedor escribe a toda prisa en la libreta: "¿Por qué? ¿Qué es lo que no les gusta?"

        Uno de ellos toma la libreta y escribe: "¡No tiene radio!"
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LA ORACIÓN DE LA RANA 389.

            Una pareja se preguntaba cómo podría deshacerse de cinco preciosos cachorrillos que acababa de parir su perra. El hombre recorrió en coche toda la ciudad tratando de regalarlos, pero nadie los quería.

            Entonces acudieron a la emisora local para que anunciaran que estaban dispuestos a regalar unos cachorros con "pedigree". Pero fue inútil: a nadie parecía interesarle.

           Al fin, un vecino les dio un valioso consejo. Regresaron a la emisora y anunciaron por la radio que vendían los cachorros a veinticinco dólares cada uno. Antes de que acabara el día habían vendido los cinco cachorros.

LA ORACIÓN DE LA RANA 388.

                En una calle de Las Vegas, un individuo se acercó a un tipo elegantemente vestido y le dijo: "¿Podría usted dejarme veinticinco dólares, señor? Llevo dos días sin comer y no tengo dónde dormir."

              "¿Y cómo sé que no se va a gastar el dinero en un casino?"

              "¡Ah, eso sí que no!", le dijo el otro. "El dinero para jugar ya lo tengo reservado."

LA ORACIÓN DE LA RANA 387.

                 Un hombre apoyado en la barra del bar se volvió hacia un desconocido que se encontraba sentado junto a él y le dijo: "Francamente, no lo entiendo. Sólo me hace falta una copa, una sola copa, para emborracharme."

                "¿De veras? ¿Una sola copa?

                "Una sola, de veras. Y, por lo general, es la octava."
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LA ORACIÓN DE LA RANA 386.

             En una pequeña ciudad, un periodista estaba haciendo una encuesta acerca de lo que la gente pensaba del alcalde.

             "Es un mentiroso y un tramposo", respondió el empleado de la gasolinera.

             "Es un asno pomposo", contestó el maestro de la escuela.

              "Jamás en mi vida he votado por él", declaró el farmacéutico.

              "Es el político más corrupto que he visto en mi vida", dijo el barbero.

             Cuando, finalmente, el periodista se encontró con él alcalde, le preguntó qué sueldo cobraba por su cargo.

             "¡Cielos, si yo no recibo sueldo alguno!", le dijo el alcalde.

             "Entonces, ¿por qué aceptó el cargo?"

              "Por el honor que supone".

domingo, 19 de julio de 2015

LA ORACIÓN DE LA RANA 385.

            Los seres humanos se enorgullecen
            de su capacidad de razonamiento...
            y luego tratan de demostrarlo
            de las más asombrosas maneras.

            Un gobernador, visitando la penitenciaría del estado, hablaba con un vagabundo que había solicitado el indulto.

            "¿Qué es lo que tiene usted contra este lugar?
            Seguramente no ha disfrutado usted nunca de tantas comodidades, ¿no es así?

            "Sí, señor", respondió el otro. "Pero, aun así, me gustaría salir de aquí."

            "¿Acaso no le dan bien de comer?"

            "Por supuesto que sí, pero no se trata de eso."

             "Pues ¿de qué se trata?

             "Verá, señor, no tengo más que una objeción contra este lugar: la reputación que tiene en todo el estado."

sábado, 11 de julio de 2015

LA ORACIÓN DE LA RANA 384.

           Si te fijas en lo que se suele llamar "comportamiento libre y responsable", probablemente descubras que no se trata de una acción consciente, sino de un movimiento mecánico... o principios rígidos... o simples apariencias... o etiquetas... aunque a veces, de todos modos...

        Un hombre acudió a su párroco y le dijo: "Ayer murió mi perro, Padre, y querría ofrecer una misa por su eterno descanso."

        El párroco respondió escandalizado: "¡Nosotros no ofrecemos misas por los animales! Inténtelo en la iglesia de los protestantes que hay en la esquina. Es probable que ellos quieran rezar por su perro..."

      "La verdad es que le tenía un enorme cariño", dijo el feligrés, "y me gustaría ofrecerle una despedida decente. Pero, claro, no sé lo que se acostumbra a dar en estos casos... ¿Cree usted que bastará con quinientos dólares?"

      "¡Un momento!", dijo el párroco. "¡No me había dicho usted que su perro era católico!"

LA ORACIÓN DE LA RANA 383.

          Una delegación de trabajadores soviéticos visitaba una fábrica de Detroit. En un determinado momento, el jefe del grupo preguntó al capataz de la fábrica cuántas horas trabajaba a la semana un trabajador norteamericano.

         "Cuarenta", respondió el capataz.

         El soviético hizo un gesto de sorpresa y dijo: "En mi país, el trabajador medio hace unas setenta horas a la semana."

         "¿Sesenta horas?", exclamó el capataz. "¡Ni en sueños conseguiría usted que estos hombres trabajaran todo ese tiempo! ¡Son un hatajo de comunistas!"

LA ORACIÓN DE LA RANA 382.

           Si te fijas en lo que se suele llamar "comportamiento libre y responsable", probablemente descubras que no se trata de una acción consciente, sino de un movimiento mecánico... o principios rígidos... o simples apariencias... o etiquetas...

         Isaac Goldstein se encontró con un primo suyo en una calle de Nueva York.

         "¿Qué es de tu vida?", le preguntó.

         "¿No te has enterado?", le preguntó a su vez su primo. "Soy socio de la firma Goldstein & Murphy."

          "¿Goldstein & Murphy? ¡Es verdaderamente fantástico este país: gentes de tan diferentes procedencias que se asocian para hacer negocios...! De todos modos, debo confesarte que me he llevado una sorpresa..."

         "¿A eso lo llamas una sorpresa? Pues tengo para ti una sorpresa aún mayor: ¡yo soy Murphy"!
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LA ORACIÓN DE LA RANA 381.

           Un niño negro contemplaba extasiado al vendedor de globos en la feria, el cual era, evidentemente, un excelente vendedor: en un determinado momento, soltó un globo rojo, que se elevó por los aires, atrayendo a una multitud de posibles jóvenes clientes.

         Luego soltó un globo azul, después uno amarillo, a continuación un globo blanco... Todos ellos remontaron el vuelo hacia el cielo hasta que desaparecieron. El niño negro, sin embargo, no dejaba de mirar un globo negro que el vendedor no soltaba en ningún momento. Finalmente, le preguntó: "Señor, si soltara usted el globo negro, ¿subiría tan alto como los demás?"

        El vendedor sonrió comprensivamente al niño, soltó el cordel con que tenía sujeto el globo negro y, mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: "No es el color el que hace subir, hijo. Es lo que hay dentro."

LA ORACIÓN DE LA RANA 380.

            Si te fijas en lo que se suele llamar "comportamiento libre y responsable", probablemente descubras que no se trata de una acción consciente, sino de un movimiento mecánico... o principios rígidos... o simples apariencias...

          Una niña acompañó a su padre a la Casa blanca a ver al Presidente Lincoln, de quien le habían dicho que no era precisamente un dechado de hermosura.

         Lincoln sentó a la niña sobre sus rodillas y estuvo charlando con ella un buen rato, con su proverbial afabilidad y talante festivo. De pronto, la niña le gritó a su padre: "¡Papi, no es verdad que sea feo! ¡Es francamente guapo!"
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LA ORACIÓN DE LA RANA 379.

                  Si te fijas en lo que se suele llamar "comportamiento libre y responsable", probablemente descubras que no se trata de una acción consciente, sino de un movimiento mecánico... o principios rígidos...

              Dos cazadores se vieron mutuamente implicados en un pleito. Uno de ellos preguntó a su abogado si no sería una buena idea enviarle al juez unas perdices. El abogado se mostró horrorizado: "Este juez se enorgullece de su incorruptibilidad", le dijo. "Un gesto como ése produciría justamente el efecto contrario del que usted pretende."

            Una vez concluido -y ganado- el proceso, el hombre invitó a su abogado a cenar y le agradeció el consejo referente a las perdices: "¿Sabe usted?", le dijo, "al final acabé enviando las perdices al juez.. bajo el nombre de nuestro oponente."

            La indignación moral puede cegar
            tanto como la venalidad.

LA ORACIÓN DE LA RANA 378.

             Si te fijas en lo que se suele llamar "comportamiento libre y responsable", probablemente descubras que no se trata de una acción consciente, sino de un movimiento mecánico... En lugar de tocar la realidad, responden a estereotipos.

           En la cena de clausura de un congreso internacional, un delegado norteamericano se volvió hacia el delegado chino, que estaba sentado junto a él, señaló la sopa con el dedo y le preguntó con cierto aire de superioridad: "¿Gustal sopa?" El chino asintió amable y ceremoniosamente.

         Posteriormente, a lo largo de la cena, seguiría preguntándole: "¿Gustal pescado?", "¿gustal calne?", "¿gustal fluta?"... y la respuesta, invariablemente, consistía en un gesto de afable asentimiento.

          Al final de la cena, el presidente del congreso presentó al conferenciante especialmente invitado para la ocasión, que no era otro sino el chino de marras, el cual pronunció un agudo e ingenioso discurso en un impecable inglés, para asombro de su compañero de mesa.

         Finalizada la alocución, el conferenciante se dirigió al americano y, con una maliciosa sonrisa en sus ojos, le preguntó: "¿Gustal disculso?".
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LA ORACIÓN DE LA RANA 377.

              Si te fijas en lo que se suele llamar "comportamiento libre y responsable", probablemente descubras que no se trata de una acción consciente, sino de un movimiento mecánico... y de reacciones programadas.

            Un científico se había pasado diez años investigando la posibilidad de transformar el agua en petróleo. Estaba convencido de que todo lo que necesitaba para llevar a cabo la deseada transformación era una sola sustancia; pero, por más que lo intentó, la fórmula se le resistía.

            Un día se enteró de que en las montañas del Tibet vivía un Lama que lo sabía todo y podía revelarle la fórmula que andaba buscando.

            Pero tenía que cumplir tres condiciones: debería viajar hasta allí completamente solo, y el viaje era muy peligroso; debería ir a pie, y el viaje era largo y penoso; y, si conseguía llegar hasta el Lama, no podría hacerle más que una sola pregunta.

            Le llevó una serie de largos y penosos meses cumplir las dos primeras condiciones. y cuando logró llegar a presencia del Lama, se llevó la sorpresa de su vida al comprobar que se trataba no de un anciano con barba y lleno de arrugas, sino de una joven y atractiva mujer, mucho más hermosa que cuanto él habría podido imaginar.

          Ella le sonrió dulcemente y, con una voz que a él le pareció celestial, le dijo: "¡Enhorabuena, viajero! Has logrado llegar a esta verdadera fortaleza. Ahora dime: ¿cuál es tu pregunta?".

         Y, para su propia sorpresa, el científico se oyó a sí mismo decir: "Señora, ¿puedo saber si está usted casada?"

LA ORACIÓN DE LA RANA 376.

           Si te fijas en lo que se suele llamar "comportamiento libre y responsable", probablemente descubras que no se trata de una acción consciente, sino de un movimiento mecánico...

          Se cuenta que, cuando ardió la gran Biblioteca de Alejandría, sólo se salvó un libro. Un libro corriente y vulgar, sin ningún interés, que fue vendido por muy poco precio a un pobre hombre que apenas sabía leer.

         Pero aquel libro, aparentemente carente de todo interés, probablemente era el libro más valioso del mundo, porque en la parte interior de su contracubierta alguien había escrito apresuradamente, con grandes letras redondas, una serie de frases que encerraban el secreto de la Piedra Filosofal (un minúsculo guijarro capaz de covertir en oro todo lo que tocaba).

      Allí se afirmaba que aquella inestimable piedrecilla se hallaba en algún lugar de la ribera del Mar Negro, entre otros miles de pequeñas piedras exactamente iguales en todo, excepto en una cosa: mientras que todas las demás piedras eran frías al tacto, sólo aquella piedra estaba caliente, como si tuviera vida. El hombre que compró el libro se felicitó por su buena suerte, vendió todo cuanto poseía, pidió prestaba una considerable suma de dinero para poder vivir todo un año y partió hacia el Mar Negro, donde plantó su tienda y emprendió la laboriosa tarea de buscar la Piedra Filosofal.

      Y procedió del siguiente modo: tomaba una piedra del suelo; si estaba fría al tacto, no volvía a arrojarla en la orilla, porque, de haberlo hecho, podría tomar la misma piedra docenas de veces y sentir siempre su frío tacto; lo que hacía era arrojarla al mar. De manera que todos los días pasaba horas y más horas sin cejar en su paciente esfuerzo: tomaba una piedra, notaba que estaba fría y la arrojaba al mar; tomaba otra piedra... y así sucesiva e interminablemente.

     Pasó una semana, un mes, diez meses, un año entero haciendo lo mismo. Entonces pidió prestado algo más de dinero y siguió con su tarea otros dos años. Una y otra vez, sin parar, tomaba una piedra, notaba que estaba fría y la arrojaba al mar. Y así una hora tras otra, día tras día, semana tras semana... ¡y la Piedra Filosofal sin aparecer!

     Una tarde recogió una piedra del suelo, y era caliente al tacto; y, debido a la fuerza de la costumbre... ¡la arrojó al Mar Negro!

LA ORACIÓN DE LA RANA 375.

         Lo que los seres humanos aman u odian
         no es la esencia de las cosas o de las personas,
         sino únicamente su aspecto.

        Un muchacho había contraído lo que propiamente podría llamarse una "bocadillofobia". Cada vez que veía un bocadillo, se echaba a temblar y a gritar de miedo. Su madre estaba tan preocupada que llevó al chico a que lo viera un terapeuta, el cual le dijo: "Es una fobia fácil de eliminar. Llévese al muchacho a casa y oblíguele a ver, de principio a fin, cómo hace usted un bocadillo. Ello hará que se desvanezcan todas sus estúpidas ideas acerca de los bocadillos, y dejará de temblar y de chillar."

      Y eso fue exactamente lo que hizo la madre. Tomó en sus manos dos rebanadas de pan y le preguntó a su hijo: "¿Te da miedo esto?" "No", respondió el muchacho. Luego le mostró la mantequilla y le hizo la misma pregunta, y el muchacho volvió a dar la misma respuesta. A continuación le hizo ver cómo extendía la mantequilla sobre el pan y le mostró después unas hojas de lechuga. Le volvió a preguntar si aquello le daba miedo, y él volvió a responder que no. Ella puso la lechuga encima del pan, tomó unas rodajas de tomate y repitió nuevamente la pregunta, obteniendo la misma respuesta. Puso el tomate encima de la lechuga y, después de comprobar que tampoco la loncha de jamón le producía miedo, puso ésta encima de las rodajas de tomate.

      Entonces tomó con una mano la rebanada de pan con la lechuga, el tomate y el jamón, y con la otra mano tomó la otra rebanada; se lo mostró todo y vio que seguía sin sentir miedo.

     Pero en el momento en que lo juntó todo y formó el bocadillo, el muchacho empezó a gritar: "¡Bocadillo! ¡Bocadillo!", y se echó a temblar horrorizado.

    Un joven ciego de nacimiento se enamoró de una muchacha. Todo iba estupendamente, hasta que un amigo le dijo que la muchacha no era precisamente una belleza. Y en aquel instante perdió todo interés por ella. ¡Qué absurdo! La había estado "viendo" perfectamente. ¡El ciego era su amigo!

jueves, 9 de julio de 2015

LA ORACIÓN DE LA RANA 374.

            Dos hombres de andar vacilante esperaban impacientes, a última hora de la noche, en la estación de autobuses, mucho después de que éstos hubieran dejado de circular.

           Debido a su intoxicación etílica, tardaron un par de horas en enterarse de que el último autobús había salido hacía ya mucho tiempo. Y al ver una serie de autobuses estacionados en el aparcamiento, decidieron "tomar prestado" uno de ellos para ir a casa.

           Pero, para su decepción, no pudieron encontrar el autobús que buscaban, "¿Será posible?", dijo uno de ellos. "¡Entre los cien autobuses no hay ni uno solo de la línea 36!"

           "¡No te preocupes!", le dijo el otro. "Nos llevamos un 22 hasta la última parada, y desde allí hacemos a pie los tres últimos kilómetros."

LA ORACIÓN DE LA RANA 373.

            Los muros que les aprisionan son mentales, no reales.

            Un oso recorría constantemente, arriba y abajo, los seis metros de largo de su jaula.

            Cuando, al cabo de cinco años, quitaron la jaula, el oso seguía recorriendo arriba y abajo los mismos seis metros, como si aún estuviera en la jaula. Y lo estaba... para él.

LA ORACIÓN DE LA RANA 372.

        La cultura y las circunstancias
        les hacen vivir una "existencia de ascensor".

       La impaciente y arrogante viuda pulsó el botón de llamada del ascensor y se puso furiosa, porque éste no apareció al instante.

        Cuando, al fin, le rugió al ascensorista: "¿Dónde demonios estaba usted?"

        "Señora, ¿dónde quería usted que estuviera con un ascensor?"
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LA ORACIÓN DE LA RANA 371.

            Lo que los seres humanos ven no es lo que hay, sino lo que les han enseñado a ver.

            Tommy acababa de regresar de la playa.

            "¿Había más niños bañándose?", le preguntó su madre.

           "Sí", respondió Tommy.

           "¿Niños o niñas?"

           "¿Y cómo quieres que lo sepa? No llevaban ropa."
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LA ORACIÓN DE LA RANA 370.

                 La peste se dirigía a Damasco y pasó velozmente junto a la tienda del jefe de una caravana en el desierto.

                 "¿Adónde vas tan deprisa?", le preguntó el jefe.

                 "A Damasco. Pienso cobrarme un millar de vidas."

                 De regreso a Damasco, la Peste pasó de nuevo junto a la caravana. Entonces le dijo el jefe: "¡Ya sé que te has cobrado 50.000 vidas, no el millar que me habías dicho!"

                 "No", le respondió la Peste. "Yo sólo me he cobrado mil vidas. El resto se las ha llevado el Miedo."
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miércoles, 8 de julio de 2015

LA ORACIÓN DE LA RANA 369.

            Los seres humanos reaccionan no frente a la realidad, sino frente a las ideas que tienen en su mente...

            Un grupo de turistas había quedado aislado en un lugar desértico y, como no tenían más víveres que unas latas de conserva cuyo plazo de caducidad ya había expirado, decidieron dárselos a probar antes a un perro, el cual pareció comerlos con gusto y no padecer ningún tipo de efectos.

           Pero al día siguiente se enteraron de que el perro había muerto, y todo el mundo fue presa del pánico. Muchos comenzaron a vomitar y a quejarse de fiebre y disentería.

          Consiguieron hacerse con los servicios de un médico para que tratara a las víctimas del envenenamiento. El médico quiso saber qué le había ocurrido exactamente al perro, para lo cual se hicieron las debidas pesquisas. Y un vecino del lugar, que lo había visto casualmente, dijo: "¡Ah!, ¿el perro? Anoche fue atropellado por un automóvil."

LA ORACIÓN DE LA RANA 368.

            Érase una vez un hombre muy austero que no ingería alimentos ni bebida mientras el sol no se hubiera ocultado. Un buen día ocurrió algo que le pareció ser un signo de que el cielo aprobaba sus austeridades: en lo alto de una montaña cercana, una estrella singularmente brillante se dejaba ver a plena luz del día, aunque nadie sabía quién la había puesto allí.

           El hombre decidió subir a la montaña, y una niña de la aldea insistió en acompañarle. El día era caluroso, y no tardaron ambos en sentir sed. El ánimo a la niña a que bebiera, pero ella le dijo que no lo haría si no bebía también él. El pobre se vio en el dilema: aborrecía la idea de romper su ayuno, pero también detestaba ver a la niña padeciendo sed. Al fin, se decidió a beber, y la niña hizo lo mismo.

          Durante un buen rato, no se atrevió a levantar la vista al cielo, porque temía que la estrella hubiera desaparecido. Imagínese su sorpresa cuando, al decidirse por fin a mirar hacia arriba, vio que había dos estrellas resplandeciendo en lo alto de la montaña.

LA ORACIÓN DE LA RANA 367.

          Cuando Buda emprendió su búsqueda espiritual, se dedicó a practicar innumerables austeridades.

          Un buen día acertaron a pasar dos músicos junto al árbol bajo el que estaba él sentado haciendo meditación. Y uno de ellos le decía al otro: "No tenses demasiado las cuerdas de tu cítara, o se romperán. No las dejes demasiado flojas, o no producirán música. Procura dar con el término medio."

         Aquellas palabras produjeron tal impacto en Buda que revolucionaron toda su manera de ver la espiritualidad. Estaba convencido de que habían sido pronunciadas para él, y desde aquel instante renunció a todos sus rigores y emprendió un camino fácil y liviano: el de la moderación. De hecho, su método de acceder a la iluminación se conoce con el nombre de "vía media".

LA ORACIÓN DE LA RANA 366.

             El devoto se arrodilló para ser iniciado en el discipulado, y el guru le susurró al oído el sagrado "mantra", advirtiéndole que no se lo revelara a nadie.

            "¿Y qué ocurrirá si lo hago?", preguntó el devoto.

            "Aquel a quien revelares el "mantra", le dijo el guru, "quedará libre de la esclavitud de la ignorancia y el sufrimiento; pero tú quedarás excluido del discipulado y te condenarás."

             Tan pronto hubo escuchado aquellas palabras, el devoto salió corriendo hacia la plaza del mercado, congregó a una gran multitud en torno a él y repitió a voz en cuello el sagrado "mantra", para que lo oyeran todos.

            Los discípulos se lo contaron más tarde al guru y pidieron que aquel individuo fuera expulsado del monasterio, por desobediente.

             El guru sonrió y dijo: "No necesita nada de cuanto yo pueda enseñarle. Con su acción ha demostrado ser un guru con todas las de la ley."

LA ORACIÓN DE LA RANA 365.

            Una anciana en la China estuvo manteniendo a un monje durante más de veinte años. Le construyó una pequeña cabaña y le dio de comer, mientras él empleaba todo su tiempo en meditar.

          Al cabo de dicho tiempo, ella se preguntó qué progresos habría hecho aquel hombre. De modo que decidió someterle a prueba, para lo cual solicitó la ayuda de una muchacha que tenía fama de ser muy apasionada. "Ve a la cabaña", le dijo, "y abrázalo. Y luego dile: "¿Qué quieres que hagamos ahora?"

          La muchacha fue a ver al monje aquella noche y lo encontró meditando. Y, sin más preámbulos, comenzó a acariciarlo y le dijo: "¿Qué quieres que hagamos ahora?" El monje montó en cólera ante tal impertinencia, empuñó una escoba y obligó a la muchacha a salir de la cabaña.

         Cuando la muchacha le contó a la anciana lo que había ocurrido, ésta se indignó: "¡Pensar que le he dado de comer durante veinte años", exclamó, "y no ha sido capaz de mostrar la menor comprensión hacia tu necesidad ni intención alguna de llevarte al buen camino! ¡No necesitaba sucumbir a la pasión; pero, después de tantos años de oración, podía al menos haber ganado en compasión!"

LA ORACIÓN DE LA RANA 364.

            El discípulo: "¿Qué es el Tao?"

            El Maestro: "Todo es tao."

            El discípulo: "¿Y cómo puedo obtenerlo?"

            El Maestro: "Si tratas de obtenerlo, no lo encontrarás."

            Jamás es natural quien intenta ser natural; o quien intenta no intentarlo.
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LA ORACIÓN DE LA RANA 363.

          Un predicador norteamericano preguntó al camarero de un restaurante de Pekín qué era la religión para los chinos.

          El camarero le hizo salir a la terraza y le preguntó: "¿Qué es lo que ve usted desde aquí, señor?"

          "Veo una calle y unas casas, gente que pasea y autobuses y taxis que circulan."

          "¿Y qué más?"

          "Árboles."

          "¿Qué más?"

          "Está soplando el viento..."

          El chino extendió sus brazos y exclamó: "¡Eso es la religión, señor!"

          ¡Lo buscas como quien busca la visión con los ojos abiertos! Es tan evidente que es difícil verlo.
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