domingo, 20 de septiembre de 2015

LA ORACIÓN DE LA RANA 448.

          Hace mucho, mucho tiempo, ofreció Dios una fiesta a todas las virtudes, grandes y pequeñas, humildes y heroicas. Todas ellas se reunieron en una sala del cielo espléndidamente decorada, y no tardaron en disfrutar de la fiesta, porque todas se conocían entre sí, e incluso algunas de ellas mantenían estrechas relaciones.

           De pronto, Dios reparó en dos hermosas virtudes que no parecían conocerse entre sí en absoluto y daban la sensación de encontrarse incómodas la una junto a la otra. De modo que tomó a una de ellas de la mano y se la presentó formalmente a la otra: "Te presento a Gratitud", dijo Dios. "Esta es Caridad."

           Pero, en cuanto Dios se dio la vuelta para atender a otros invitados, ellas se separaron. Así es como ha circulado la historia de que ni siquiera Dios puede hacer que haya Gratitud donde hay caridad.
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